Estamos concluyendo un año en el que el grado de complejidad regional aumentó notablemente. Desafíos de índole variada hicieron que la región redoblara sus esfuerzos por superar momentos que por instantes, parecieron cerrar puertas a la oportunidad de crecer.
Lo más importante a resaltar es que, con todo y las réplicas derivadas por la crisis financiera mundial del 2008, los presagios de una catástrofe en el sistema bancario y productivo de la región no se materializaron. Con sus matices y sinsabores, las decisiones asumidas por la economía de la región fueron las adecuadas para mantener bajo control el campo de los negocios. Adicionalmente, el esfuerzo de los inmigrantes sigue siendo una bendición para Centroamérica, pues el envío de remesas creció en 4% durante el tercer trimestre.
O sea: aun en medio de todo, los centroamericanos lograron superar la dificultad derivada del endurecimiento de la política anti inmigrantes en Estados Unidos.
En el campo institucional, el 2010 deja un panorama sumamente dinámico. Guatemala, Honduras y Nicaragua atravesaron una temporada de
turbulencias, y aunque han salido bastante bien librados, en alguna manera envidian la estabilidad de Costa Rica, Panamá y El Salvador, naciones que siguen consolidando su tradición democrática y cosecharon logros en diversas direcciones.
La región avanzó en lo institucional durante los últimos 12 meses. Los sobresaltos vividos en Guatemala –donde el ex presidente Alfonso Portillo fue enviado a prisión a espera de ser extraditado a Estados Unidos por lavado de activos– y Nicaragua –donde el presidente Ortega influyó fuertemente para elegir magistrados en la Corte Suprema y el Tribunal Electoral en busca de su reelección–, contrastan con la elección de la primera mujer presidenta en Costa Rica –Laura Chinchilla – y la fortaleza del sistema salvadoreño –donde a pesar de su alejamiento del FMLN, el presidente Mauricio Funes sigue teniendo el respaldo de las remesas, el financiamiento internacional y el pueblo.
Panamá y Honduras ocupan otro espacio en el espectro regional. La gestión de Ricardo Martinelli ha venido registrando cierta brecha entre sus propuestas de campaña y las expectativas que la clase empresarial tenía respecto de él. Aunque sostiene un discurso conservador, Martinelli viene generando decisiones de carácter populista que no convencen del todo al sector privado. En tanto, Porfirio Lobo no ha sido todo lo efectivo que se esperaba para el gobierno tras los sucesos vinculados a la caída de Manuel Zelaya en 2009.
Centroamérica sigue siendo tierra pródiga, porque si tras un año como éste la economía continúa creciendo y los procesos de control a esta crisis siguen activos –quizá en su mínima expresión, pero vivos al fin–se puede esperar que las problemáticas comiencen a tener respuestas. Mientras ese momento llega, acá una brevísima reseña de lo vivido en cada nación.

Guatemala
En la víspera del año electoral, la gestión de gobierno de Álvaro Colom se vio notablemente desprestigiada. La inversión pública fue cuestionada por los sectores empresarial y periodístico, porque el presidente Colom rechazó la auditoria social y financiera. Un punto crítico es la negativa presidencial a que se audite a profundidad e independientemente a su esposa, Sandra Torres Casanova, quien dirige una serie de inversiones destinadas al área social por un monto cercano a los US$150 millones, en los últimos 18 meses.
El componente explosivo de esa política de gasto es que la mayor parte de esos recursos surgieron de transferencias presupuestarias descontadas a los sectores de educación, seguridad y salud pública, todos ellos en situación calamitosa.
Al lado de este problema, Colom y su equipo insistieron en una reforma fiscal moderada, pero fue rechazada por los sectores que tradicionalmente tributan, ya que, a juicios de estos segmentos de contribuyentes, no se busca mejorar el concepto de recaudación sino gravar más a los sectores productivos. No obstante, es importante señalar que el riesgo país recibió una apreciación positiva por Moody´s, que consideró positivo el avance en el factor macroeconómico.
El hecho noticioso más impactante del año fue la captura del ex presidente Alfonso Portillo (2000-2004) a quien la justicia de EE.UU. pretende extraditar bajo señalamiento de lavado de activos y se le siguen varios procesos relacionados con el desvío de fondos públicos a sus cuentas bancarias en el exterior.
Otros hechos relevantes acompañaron el proceso de fortalecimiento del sistema de Justicia en el país, liderado por la Comisión Internacional contra la Impunidad de Naciones Unidas instalada en Guatemala (Cicig), como la captura del ex director de presidios y ex candidato presidencial del partido GANA Alejandro Giammattei; y la posterior captura en España del ex presidente de la cúpula empresarial y ex ministro del Interior del gobierno de Oscar Berger (GANA 2004-2008) Carlos Vielman Montes. Vielman fue acusado de dirigir estructuras para-criminales desde el Estado y de la ejecución extrajudicial de siete reos durante el rescate de la granja penal de Pavón, en septiembre de 2006, eventos que impactaron durante el presente año a la sociedad guatemalteca. Al cierre de esta edición, el ex ministro Vielman había sido puesto en libertad por la Audiencia Nacional de España, al no haber concretado Guatemala el pedido de extradición en el plazo que se había fijado para tal propósito.
Hacia mediados de noviembre, los indicadores de violencia mantenían su repunte. El clima de inseguridad en el país hizo que las inversiones en materia de protección a nivel individual y corporativo sufriera un incremento del 28% este año, y se estima que cerca del 12% de los gastos de operación de las empresas se destina a enfrentar la ola de asaltos y extorsiones.
Una complicación adicional para Guatemala durante el 2010 fue el clima, que tras el paso de dos fuertes tormentas tropicales y una lluvia de ceniza volcánica, tras la erupción del Volcán Pacaya, sobre la capital y las principales ciudades del área agroindustrial sur, enfrenta hoy la reconstrucción de casi el 30% de la red vial y de puentes, así como la necesidad de implementar un plan de reconstrucción de aldeas afectadas y construcción de viviendas. El monto del programa ronda los US$1.500 millones, y está siendo apoyado parcialmente por la comunidad internacional. El gobierno intenta una reforma fiscal bajo este argumento, pero la iniciativa privada y la oposición política exigen que antes de avanzar en esa dirección, se haga una auditoría a profundidad de cómo éste gobierno ejecuta el presupuesto.
El Salvador
El presidente Mauricio Funes sigue gozando de una buena dosis de popularidad (69,3%), a pesar de que la economía nacional presentó signos de desaceleración. La buena estrella del mandatario se debe, a decir de muchos, en que el pueblo diferencia el discurso moderado y progresista del jefe de gobierno y entiende la separación que se ha hecho respecto a la base radical del FMLN.
El que Funes siga siendo popular y pueda dialogar con los sectores empresariales es una buena señal, más no ha impedido que en el último tercio del año sectores como la construcción hayan perdido fuerza y estén inhabilitando 2.500 puestos de trabajo al mes.
Es un secreto a voces que la economía salvadoreña atraviesa un momento complejo. A inicios de noviembre trascendió que el sector privado detuvo la ejecución de los unos US$ 2.000 millones en obras que van desde energía hasta construcción, pasando por turismo y otros sectores importantes, debido a la inestabilidad que, los empresarios dicen, se percibe en el manejo político y de seguridad.
En este marco, los empresarios se oponen a la reforma fiscal que impulsa el gobierno de Funes (la iniciativa propone declaración patrimonial de todo contribuyente con ingresos superiores a los US$75.000 anuales). Adicionalmente, y como pasa en otros países de Centroamérica, en el sector privado persisten las dudas sobre lo que ha hecho el gobierno con los US$1.500 millones de préstamos que ha recibido en los últimos 18 meses de gestión. Sin resultados muy visibles –no necesariamente inexistentes, aclaro- al gobierno parece hacérsele cuesta arriba convencer a los empresarios para que contribuyan más.
Aunque las remesas crecieron 2,4% entre enero y septiembre con relación al mismo período del año pasado, se percibe en el último trimestre del año un grado de desaceleración en los envíos monetarios de los inmigrantes debido al crecimiento en la tasa de desempleo latino en los Estados Unidos.
En general, El Salvador tuvo en éste un año complejo aunque ha salido mejor librado que sus vecinos. En buena parte tiene la bendición de una economía que suele sostenerse a flote con el consumo interno, el cual aunque ha sufrido los embates del factor climático, no se ha visto tan salvajemente dañado como los de Guatemala y Honduras.
No obstante, hay mucha inquietud regional por el curso político doméstico. No se ven señales claras de que el FMLN tenga intención alguna de desconcentrar el poder que ha amasado desde el inicio de su gestión, especialmente en lo relacionado con seguridad interna. Ello los llevaría a una ruta de colisión con los sectores tradicionalmente poderosos de la economía.
En todo caso, la actividad nacional registrada en el 2010 exigirá al presidente Funes una dosis mayor de esfuerzos para mantener el equilibrio entre empresarios y frentistas, así como para controlar los otros temas que provocan desempleo e inseguridad.
Nicaragua
Si algún año ha sido complicado para la tierra de Rubén Darío, fue el 2010. Además de enfrentar los embates residuales de la crisis económica mundial del 2008, a Nicaragua le tocó la época del trastocamiento más feroz de sus instituciones.
El presidente Daniel Ortega consiguió en el último año y medio crear las condiciones legales más cuestionables para optar a la reelección, y en ese proceso deterioró la independencia de la Corte Suprema de Justicia y del Tribunal Electoral, llegando al extremo de recurrir al uso de turbas callejeras para amedrentar a los pocos opositores que le enfrentan.
El renacimiento del pactismo y la notoria inversión de la venezolana iniciativa de la Alianza Bolivariana para las Américas –ALBA– fortalecieron a Ortega y sus huestes sandinistas en un escenario en el que la productividad decayó. No obstante, el avance en materia de deuda pública hizo que Moody´s mejorara la calificación riesgo-país.
Si bien los efectos de la crisis de EE.UU. del 2008 fueron bien manejados en Nicaragua, la microeconomía resintió la desaceleración en la economía tica, pues se registra una reducción del 7,1% en las remesas provenientes de ese país, y un 0,4% en las remesas originadas en Estados Unidos.
Habrá que esperar al 2011 porque, a pesar de la mejoría en la calificación de la casa de riesgo, el gobierno nicaragüense aumentó en el primer semestre de este 2010 su disponibilidad gracias a las aportaciones de la Unión Europea. Lamentablemente, el flujo de recursos frescos del Viejo Continente fue menguando a medida que se evidenció la baja ejecución presupuestaria de los sandinistas. Por eso, nada impidió que las proyecciones de un desempleo del 10% se cumplieran, a la vez que la tasa de subempleo pasó del 30% en el 2009, a un estimado de 38% hacia inicios de septiembre del 2010.
El signo del gobierno sandinista en el 2010 fue el de una firme y sostenida asociación con Caracas. Al cierre de este informe, el incidente fronterizo con Costa Rica se resolvía en contra de la posición de Managua. La comunidad internacional, OEA incluida, pedía el retiro de tropas sandinistas de los márgenes en disputa en la cuenca del río San Juan. A la distancia se percibe la tentativa sandinista-chavista por provocar un problema limítrofe con un país carente de ejército y forzar así la intervención de la fuerza aeronaval estadounidense, acantonada en territorio tico. Con ello se buscaría una excusa para exigir la expulsión del ejército de EE.UU. del área.
Más en el plano interno, la crisis del río San Juan tiene otra faceta aun ilegible: el presidente Ortega consiguió que los tres poderes de la república y el Tribunal Electoral se unieran pidiendo a la comunidad internacional que no intervengan en el caso. Con esto se estaría consolidando la unidad en torno a un presidente que violó la ley al acomodar a su favor la Corte Suprema y el sector electoral pero que ante la crisis de soberanía logra aglutinar el pueblo a su lado.
Las consecuencias actuales del peligroso juego político y diplomático emprendido por Managua pueden provocar una crisis cuasi ficticia que elevaría la tensión en el área y justificaría un nuevo aumento al precio del petróleo de Venezuela y sus aliados.
Honduras
Más ocupado por establecer un precario equilibrio político, al régimen del presidente Porfirio Lobo le tocó en el 2010 su primero de cuatro años de gestión, acomodando las fuerzas y buscando la tranquilidad interna, luego de los acontecimientos derivados del relevo presidencial en junio del 2009.
Desde esa época, el ex presidente Manuel Zelaya –ahora exilado en República Dominicana– se convirtió en el más notorio factor de desestabilización en el país. Primero, distorsionando la gestión de Lobo al obligarle a pedir el reconocimiento político ante la comunidad internacional; luego, amenazándole permanentemente con convocar a una revuelta popular. El gobernante se ha dedicado a controlar esos factores y en la ruta, ha entorpecido la gestión pública, tornándola más lenta de lo tradicional en esa nación. Si se suma ese factor a la destrucción ocasionada por los fenómenos climáticos –entre ellos la Tormenta Agatha– se entiende que el año ha sido poco generoso con Honduras en materia económica, ya que tan grande es la destrucción en la infraestructura, que no se avanza en materia de inversión sino en recuperación de lo dañado.
A pesar de haber recibido el beneficio del TPS –Estatus de Protección Temporal del gobierno de EE.UU. para los inmigrantes ilegales de este país– el flujo de remesas no ha crecido dentro de lo esperado.
Hay, eso sí, una sobreoferta de efectivo en el sistema bancario pero pocas opciones reales de inversión a nivel local, ya que el factor gubernamental ni genera las oportunidades suficientes como para abrir una temporada de alta contratación de obra pública, ni las certezas de paga puntual, dada la iliquidez en que se mantiene el Estado.
Panamá
El país canalero tuvo en el primer año y medio de gobierno de Ricardo Martinelli un recorrido entre el crecimiento de la economía y el vaivén de una política socioeconómica poco clara por parte del mandatario.
No hubo impuestos nuevos, pero sí existió a cambio una tendencia a aumentar la contratación directa desde el Estado para generar empleo y obra pública. De este modo, Panamá va en línea directa hacia el aumento de poder del gobierno como factor económico, mientras el Estado se endeuda aceleradamente.
El plan maestro del gobierno contempla inversiones en infraestructura – construcción de escuelas, hospitales, viviendas, acueductos y alcantarillados, un metro capitalino, carreteras y aeropuertos, entre otros– por el orden de los US$ 13.600 millones en el quinquenio de Martinelli. A ellos, se debe contar además con los US$5.200 millones que se invertirán en la ampliación del Canal de Panamá, obra que dará trabajo a unos 8.000 obreros y profesionales.
A pesar de los daños provocados por el clima en el 2010, la contratación masiva en proyectos de gobierno compensó a nivel nacional la cesantía del sector agrícola, donde se perdieron al menos 120.000 puestos de trabajo. Al final, el desempleo se redujo a 6,5% –un décimo de punto porcentual– pero implicaría que surgieron al menos los 120.000 empleos perdidos.
El esfuerzo de convertir al Estado en empleador en tiempo de crisis posibilitará la meta del Plan Estratégico para la Economía y Agricultura de Panamá, elaborado por el equipo de gobierno de Martinelli, el cual camina hacia un crecimiento del PIB de entre el 6 y 9 %.
En lo estrictamente político, el presidente Martinelli ha comenzado a confrontarse con la prensa independiente, amenazando con limitarle el derecho a investigar y denunciar. El gobierno se queja de una predominante tendencia a informar sobre los problemas de violencia, y dice que la prensa omite las cifras oficiales y se menosprecia el esfuerzo de las fuerzas de seguridad.
La actitud presagia una temporada difícil para la oposición, pues influyendo abiertamente en los órganos controladores del Estado –ahora en manos de aliados políticos–el poder del mandatario sería prácticamente ilimitado. Este camino de confrontación y neutralización de los opositores está quedando a la vista, tras la reapertura de varios procesos judiciales que ya estaban sobreseídos y con los cuales el gobierno de Martinelli parecería querer enfrentar a sus enemigos políticos.
Costa Rica
La elección de la presidenta Laura Chinchilla dejó a los costarricenses con el continuado sabor a seguir siendo los líderes en cuanto a desarrollo político se refiere. El movimiento diplomático hecho al permitir la llegada de un fortísimo contingente militar estadounidense –tanto o más fuerte del que alguna vez tuvo el Comando Sur en Panamá– ayudará a la contención del narcotráfico en su territorio.
Los beneficios de esta política pro estadounidense adoptada por Costa Rica se medirán en breve con el incremento de inversiones originarias de EE.UU, en especial en el área de tecnología. Esto tendrá incidencia directa en el crecimiento del empleo, el cual si bien había aumentado hasta junio en 25% sobre la tasa de ocupación del 2006, tuvo una severa caída hacia octubre, cuando la apreciación de la moneda nacional – el colón–en el orden del 16% hizo perder competitividad a los empresarios locales y disparó el desempleo en sectores específicos.
Durante los últimos 12 meses, el Estado absorbió la colocación de tres cuartas partes de la nueva fuerza laboral; hacia medio año, la iniciativa privada solo había abierto 1 de cada 4 nuevas plazas de trabajo, pero el entusiasmo de los empresarios se vio afectado en el último tercio del año con la revaluación y la pérdida de competitividad de sus exportaciones.
Así que se acerca la hora de la verdad: no intervenir el mercado cambiario y dejar que la moneda local se fortalezca permitirá reducir la inflación, pero generará desempleo. Ir en sentido contrario, es decir, devaluando y aumentando la inflación, sostendrá el ritmo de empleo.
El problema es grande, pero Costa Rica tiene una gran esperanza para el futuro, pues ha abierto audazmente las puertas de China Continental. Aunque no se debe descuidar el aspecto político que implica al acercamiento a Beijing, el acceso al mercado más grande del mundo puede tener ventajas para la economía tica. Sin necesidad de sacrificar su histórica amistad con Taiwan, el gobierno de San José puede tener lo mejor de las dos caras chinas que ya se están aliando entre sí. Este acercamiento a China
Continental goza de la aprobación del 76% de los empresarios entrevistados por la firma Deloitte para elaborar su Barómetro Empresarial.
Costa Rica y su presidenta Chinchilla terminan el año con una demostración de habilidad y eficiencia diplomática: los países de la región y hasta la OEA le están dando la razón en el diferendo fronterizo que tiene con Nicaragua, país al cual se la ha pedido que retire sus tropas de la zona de dragado en el limítrofe Río San Juan. Si la petición de la comunidad internacional se atiende en Managua, San José y la presidenta Chinchilla habrán dado un paso más que vital en la subregión y estarían ganando otro poco de favor por parte de Estados Unidos y sus aliados antichavistas.
Fuente: estrategiaynegocios.net
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